jueves, 22 de noviembre de 2012

El Loro (cuento)



       Llegó un día a pararse en la rama de la higuera que estaba al fondo del patio; recargada ya en la barda por el peso de los años. Ni siquiera hizo falta pagar por el.
      Con lustroso plumaje verde amarillo, la mirada rabiosa y con el porte de un pavo real, no le fue difícil granjearse las semillas, los cacahuates y los higos.
      Y se quedó.
      Magdaleno tenía afición, entre muchas otras, de apadrinar perros, en especial los que llegaban sin mas invitación que el plato de comida que servía todas las tardes para la Pirri, una perra mezcla de pastor alemán con pequines, tan corriente como noble. No pensó tener un loro, pero desde esa tarde, aquel que nunca tuvo nombre, se convirtió en la sombra de Don Magdaleno.
      Vivió un tiempo al garete, de la higuera a la cocina, merodeando por el patio, persiguiendo a los perros; un día Magdaleno decidió hacerlo mas suyo y le recortó las alas con unas tijeras. Entonces pasaba las tardes montado en la percha que el dueño fabricó para el, con tubos de plomería, codos y soldadura, al oscurecer lo acomodaba en la jaula y lo cubría con un trapo, lo cual indicaba al loro que era tiempo de dormir. Tan de la familia el loro que al menor ruido de trastes en la cocina llamaba a Don Magdaleno papá con su gutural voz de perico, para hacerle saber que él tampoco había comido.
      A la niña no le parecía asombroso que el loro de su abuelo dijera algunas palabras y hasta versos completos; en cambio, le sobrepasaba en extrañeza el modo maligno como se descolgaba de su percha con las patas prensadas en el tubo, para alcanzar a cualquiera que se atreviera a saludar a Magdaleno. La nobleza no es una virtud que se espera de un perico así que, sus pupilas indecisas, te permitían reconocer cuando te tenia en la mira, un  movimiento brusco o un manotazo inesperado eran clara señal de ataque Y un abrazo ni se diga¡ Erizado como un gato se disparaba volando sin respetar parentesco. ¡Que piensas perico, si este es mi abuelo ! Rezongaba la niña, cuando por las tardes llegaba a saludar a su abuelo con un abrazo apresurado. Nunca tuvo real aprecio por el ave, sin embargo por la compañía incondicional que le entregaba a su abuelo, logró con el tiempo que la niña se sintiera complacida con el.
      En casa de sus abuelos todas las tardes parecían ser siempre la misma, al menos así lucían a los ojos de la niña, que cuando llegaba no podía asegurar si era hoy o ayer. Don Magdaleno pasaba la tarde sentado en su mecedora blanca, de las que te pellizcan cuando te levantas, como decía la niña; en el patio, bajo la sombra de la higuera, con el loro yendo del hombro del abuelo a la percha y de regreso.
      Para la niña eran iguales, pero para Magdaleno siempre acompañaban un nuevo pensamiento, una nueva idea, un mejor invento, una añoranza.      Como la vez que se propuso hacer veladoras, después de haber dejado el negocio de la tortillería, de haber pensado hacer camioncitos de madera, de dedicarse a reparar planchas y licuadoras. Aquella vez fueron las velas, desde fabricar los moldes de plomo y hervir la parafina en el patio de atrás donde tenía un taller, hasta comercializarlas primero a pie y luego en coche.
      En aquel taller, que improvisado una vez en un rincón, con el tiempo se apoderó de todo el patio, Don Magdaleno pasaba las mañanas, desde el primer albor de sol, hasta que escuchaba el grito del loro anunciando el almuerzo.
      ¡Lavate las manos! ¡Viejo cochino! Renegaba Doña Lupita con mas ternura que enfado, cuando lo esperaba en la mesa para almorzar después de haber amasado la primera tanda de tortillas de harina de aquel día. El se sentaba a la mesa todavía con las manos delineadas de negro por los pliegues y debajo de las uñas, negrura que el jabón ya se negaba a borrar. Y después de nuevo al taller, hasta que lo alcanzaba el remanso de la tarde. 
      La penumbra.
      Así en aquel atardecer que a la niña le parecía el de ayer, Magdaleno pensaba mientras se mecía y esta vez no era ninguna idea para llevar a cabo, no era un invento, era el futuro certero. Donde va a quedar el perico cuando no haya nadie en la casa, que pasará conmigo cuando Guadalupe se haya ido. La niña se mecía a su lado y nunca tuvo idea de tales pensamientos, solo que cada tanto se le estrujaba el corazón al ver los ojos de cielo de su abuelo humedecerse y brillar, pero sin permitir nunca una lágrima salir. A ver Mayica cantame una cancioncita, le pedía Don Magdaleno.
      Y así el desfile de las ultimas nubes del día, acompasado por la brisa del verano, arropaba el patio, mientras la niña y el viejo compartían aquella tarde, la misma de ayer.
      El loro todavía está.
      Don Magdaleno ya no.
      
Marigloria Zamora

domingo, 18 de noviembre de 2012

Adultos responsables

Somos responsables de facilitar la construcción del destino de nuestros hijos, enseñarlos a SER felices, ojo no a ESTAR contentos. Como papas queremos comprar sus momentos felices, te doy para verte contento, pero cuando no les damos no sabemos  como motivarlos para que disfruten su vida de igual modo.
Enseñarlos a ser felices en su entorno sin sentirse mas ni menos que los demás, sino  ver a los otros como iguales, ser empaticos con los demás. Identificarse con ellos. Disfrutar lo que tienen, lo que son, donde están y lo que hacen.
Los niños son moldeables y son como esponjas, si nosotros ( papa, mama) alimentamos actitudes positivas, reforzándolas eso mismo obtendremos, lo mismo sucede con las actitudes negativas.
Nuestros hijos no nacieron así, aprendieron a comportarse así en respuesta a situaciones de vida, yo no se, se me ocurren algunas ideas, pero no soy experta ni mucho menos sicóloga.  Sin embargo he vivido momentos en los que es mucho mas cómodo dejarlo pasar a enfrentar la consecuencia de nuestros actos y así somos irresponsables e incongruentes.
No podemos evitar que nuestros hijos estén expuestos al medio ambiente. No podemos tenerlos en una cápsula, debemos dejarlos ser, pero no sin proveerlos de las herramientas apropiadas para tomar sus propias decisiones. Alimentar su espíritu diariamente, acrecentar su autoestima, ayudarlos a ser valientes para enfrentar los retos sociales,  y enseñarlos a ser resilentes, para poder tolerar sus frustraciones. Enseñarles cual es su lugar en el mundo, en su familia y en su entorno.
Si no somos nosotros como padres los que aportemos eso, no esperemos que los miles de pesos en colegiaturas en las mejores escuelas lo hagan. A ellos no les importan tus hijos como a ti, porque a final de cuentas somos responsables por ellos.
No es que yo lo tenga resuelto pero creo que lo tengo claro, no se como se hace, pero trato de hacerlo. Al final hay que intentarlo. Tenemos miedo de enfrentar nuestra responsabilidad como papás. No nos gusta aceptarla, admitirla ni administrarla, nos conformamos con pensar que así son las cosas ahora, que es el mundo que les toco vivir, pobres lo que les espera...Busquemos las herramientas y enseñemoslos a usarlas.
Seamos responsables para ver crecer adultos responsables.

jueves, 15 de noviembre de 2012

1971

Si Dios estuviera sentado decidiendo el destino de todos los seres humanos por nacer, esto debería ser apenas un instante de tiempo, un suspiro , un pensamiento, un momento fugaz destinado a cada alma que parece convertirse en toda una vida gracias a su omnipotencia y su extraordinario amor...


Y si así fuera?


Me lo imagino dispuesto a la tarea diaria de enviarnos a cada uno a nuestra misión. Pensando en la decisión precisa, rodeado de todo y de nada a la vez en su propia esencia infinita, en paz. Y así sucede segundo a segundo, sin descanso, tu y yo y todos vivimos en su pensamiento.

Y de pronto es mi momento, mi instante de tiempo, mi turno...

Con el mismo amor con el que creó el cielo, la tierra, el fuego, el agua...el mundo, pensó en mi. 1971...tomó un pedazo de algo y me formó con sus cálidas manos, sin prisa, a tiempo, El tiene todo resuelto. También piensa en tus cualidades y escoge generosamente para cada ser humano, es verdad. Como era mi turno me concedió algunas: inteligencia, sensibilidad, gentileza, paciencia, fortaleza, responsabilidad y así siguió...luego es el turno del temperamento y bueno.. hay quienes tienen mas suerte...

En su inmenso amor me creó como un ser humano perfecto, mas por ese mismo amor me dio libertad de ser y de pensar y ahí es donde todo se complica.

Me examinó en su corazón...me contempló... y vio Dios que lo que había creado era bueno y expresó su deseo:.. Deseo que se convierta en madre y me ayude a crear mi reino en la tierra. Tomó un descanso y miró al mundo buscando a mi familia, como El me conoce desde siempre y me amó desde antes sabía lo que buscaba...

Quiso que conociera el amor de una madre y la dedicación de un padre, que tuviera un hermano para aprender a amar a los demás desinteresadamente, así podría valorar el significado de una familia y entonces cultivaría los valores que viví en ella.

Me miró complacido, y suspicaz me habló, como si yo pudiera comprender sus palabras en ese momento: ...No sera fácil para tu familia tu temperamento por momentos no te permitirá valorarla, sobre todo en tu juventud, te sentirás superior a todos y a todo, pero con el tiempo y los amigos adecuados se que no me defraudaras. Sin embargo eso mismo te dará fortaleza para sortear obstáculos en tu vida y sobreponerte a momentos dificiles...donde Yo estaré...

De pronto, aprisa, se acerca mi momento de nacer, no todo estaba listo había algunos dones que peligraban desde el momento de nacer, tuvo temor por mi,  sinembargo me hizo una promesa: En cada momento de tu vida te verás rodeada de otros, hijos mios también, amigos que sabrán ayudarte del modo que haga falta para que procures cultivarlos todos. No podré evitar que muchas veces te pierdas en el camino, pero aun así te amaré para siempre.

Yo no sabía en que pensaba El, pero al ver su mirada infinita advertí en ella el mar en todos los azules, el cielo en todas las estaciones, las montañas y volcanes, vi un millón de estrellas, la inmensidad de la noche, la luna iluminada, vi el sol esplendoroso y radiante...todo hecho para mi...y sentí su amor como unas tibias manos que me sostienen, vi unos bellos ojos cafés, vi sus manos....es mi mamá...ya he nacido....




domingo, 11 de noviembre de 2012

Lo de hoy...



Definitivamente el mundo no es lo que era cuando éramos  jóvenes, ni será lo que es hoy, cuando nuestros hijos sean adultos; como papas nuestra tarea es adaptarnos y sin embargo no permitir que se pierdan los valores que conocemos y que nuestros padres a su vez nos inculcaron. Seguir transmitiendo los valores que conocemos no es tarea fácil ya que estos solamente logran ser transmitidos eficazmente a través del  ejemplo lo cual demanda un mayor esfuerzo de nuestra  parte.

Nunca con sermones vacios e inútiles que solo consiguen enfrascarnos en discusiones estériles ya que papa o mama nunca van a estar a la moda lo suficiente ni sabrán lo necesario como para que un adolescente se sienta tentado a pensar siquiera que tal vez tengamos un poco de razón y que tal vez cabe la remota posibilidad de que papa o mama ya hayamos vivido nuestra propia adolescencia.

No hablemos de cómo se deben vivir los valores no hablemos de ellos, sino mas bien hagámoslos a ellos parte de nuestra vida de modo que naturalmente sean parte de la vida de nuestros hijos… nada fácil. Ya que precisamente tenemos al mundo (sociedad, medios, tecnología,…) en nuestra contra.

Los valores no son cool, no están de moda, ni son lo de hoy. Sin embargo sí, ya que los valores no tienen fecha de caducidad, lo que era bueno antes es bueno hoy y seguirá siendo bueno. Respetarnos a nosotros mismos y a nuestros esposos o esposas. Ser honestos, ser sinceros… El respeto a nuestros padres, hablar con respeto a nuestros mayores, respetar  a las autoridades, dígase maestros, directores, autoridades en general, ser tolerantes con las personas que piensan o son diferentes que nosotros, no actuar violentamente. En fin…

Si creyéramos realmente que esto puede transformar no solo  la vida de nuestros hijos sino a la sociedad  en general nos tomaríamos nuestra tarea de papas un poco más en serio.